Es un tema que me hace reflexionar a fondo, me genera debates internos, trato de entender y posicionarme sabiendo que es complicado. Soy italiano, nacido a Torino que ahora podría se parte de la Padania, desde hace 15 años vivo en en España, en Barcelona, que también está viviendo una proceso de debate interno, cada vez mas intenso, sobre su relación con España, y sobre su definición (estado o nación).
Desde siempre he creído en los valores de universalidad, convencido de que por las personas es mejor tener la posibilidad de moverse libremente por el mundo para progresar por medio de las relaciones multiculturales.
Pero en esta etapa de nuestra historia reciente en muchas sociedades hay sectores que abogan por impulsar nuevos modelos de estados basado en parte sobre hechos diferenciales como lengua, cultura, pertenencia a un grupo étnico, etc.
Últimos en la lista Osetia del sur y Abjazia. Pero no son ajenas a este proceso, España, Italia, Gran Bretánia, hace poco serbia y en general la ex Yugoslavia, Rusia, Oriente medio, África, América latina, India, China, etc…. Unas por volver a un estatus anteriores a conquistas o anexiones, otras por subsanar (si es posible) divisiones territoriales impuestas por potencias ajenas en periodos coloniales, otras por buscar la independencia considerando que esta permitiría mejorar la gestión y el bienestar de su población, et…
Pero me dan vueltas varios temas en la cabeza:
¿Puede o tiene que ser la lengua un elemento discriminatorio o como mínimo diferenciador que haga que las personas se sientan más vinculadas y sobretodos identifiquen necesidades diferentes de otros grupos?
¿La lengua es un medio de comunicación, un medio de identificación o ambos a la vez?
¿Realmente una lengua y una herencia cultural tienen que estar ligada a un estado soberanos para subsistir?
¿Donde tenemos que empezar a contar la historia de un grupo humano, y que periodo de tiempo es suficiente para considerar que esto justifica un proceso nacionalista?
Es un debate complejo, en muchos caso cargados de elementos emotivos que hace que la discusión se tiña de tonos de resentimiento, sensación de amenaza, patriotismo excluyente, que busca sus fundamentos en hechos históricos, normalmente muy reciente.
Es un debate que busca y se aferra a símbolos, bandera, himnos, rememoración de acontecimientos históricos o leyendas, expresiones folclóricas, equipos deportivos, todo ellos símbolos vivo de la pretendida diferenciación nacional.
Desde mi blog, sin animo de encender ánimos, criticar postura propongo un debate sobre este tema, importante que ,de alguna forma, incidirá en nuestro futuro. Intentaré recopilar información y publicarla para animaros a dar vuestra opinión. Espero os interese lo que pongo
Origen del nacionalismo moderno:
Podemos fijar la origen del nacionalismo en la edad media; se remontan hasta la desintegración, al final de la edad media, del orden social feudal y de la unidad cultural (en especial la religiosa) de varios Estados europeos. La vida cultural europea estaba basada en la herencia común de ideas y actitudes transmitidas a través del latín, el idioma de las clases cultivadas. Todos los europeos occidentales profesaban entonces la misma religión: el catolicismo. El derrumbe del sistema social y económico dominante, el feudalismo, vino acompañado del desarrollo de comunidades más grandes, interrelaciones sociales más amplias y dinastías que favorecieron los valores nacionales para conseguir apoyos a su dominación. El sentimiento nacional se vio reforzado en algunos países durante la Reforma, cuando la adopción del catolicismo o del protestantismo como religión nacional actuó como fuerza de cohesión colectiva adicional.
Durante la historia moderna, nacen movimientos que consideran la creación del Estado nacional como indispensable para realizar las aspiraciones sociales, económicas y culturales de un pueblo. El nacionalismo se caracteriza ante todo por el sentimiento de comunidad de un pueblo, sentimiento basado en un origen, un lenguaje y una religión comunes. Antes del siglo XVIII, momento en que el nacionalismo se conformó como un movimiento específico, los Estados estaban basados en vínculos religiosos o dinásticos: los ciudadanos debían lealtad a su Iglesia o a la familia gobernante. Inmersos en el ámbito del clan, la tribu, el pueblo o la provincia, la gente extendía en raras ocasiones sus intereses al espacio que comprendían las fronteras estatales.
Desde el punto de vista histórico, las reivindicaciones nacionalistas se generaron a raíz de diversos avances tecnológicos, culturales, políticos y económicos. Las mejoras en las comunicaciones permitieron aumentar los contactos culturales más allá de su pueblo o su provincia. La extensión de la educación en lenguas vernáculas a los grupos menos favorecidos les permitió conocer sus particularidades y sentirse miembros de una herencia cultural común que compartían con sus vecinos, y empezaron a identificarse con la continuidad histórica de la comunidad. La introducción de Constituciones nacionales y la lucha por los derechos políticos otorgaron a los pueblos la conciencia de determinar su destino como nación. Al mismo tiempo, el crecimiento del comercio y de la industria allanó el camino hacia la formación de unidades económicas mayores que las ciudades o provincias tradicionales.
La idea de nación
Para entender el concepto moderno de nación debemos buscar en las filosofías de los siglos XVII y XVIII. Hasta ese momento, los Estados eran un cuerpo unitario encabezado por la Monarquía, cuyo poder para regir ese cuerpo social era absoluto.
Con la aparición de las ideas que defendían el Contrato social (Hobbes, Locke, Rousseau y Montesquieu, fundamentalmente) surgió un nuevo modo de entender el Estado: una agrupación de ciudadanos que voluntariamente ceden parte de sus derechos para que sean administrados y vigilados por el poder del Estado, el cual ya no estará encarnado en una sola persona (monarquía) sino en el cuerpo social de todos los ciudadanos (la nación).
Durante los siglos XIX y XX el concepto de nación se modificó sustancialmente, ya que no se identificaba necesariamente con el de Estado-Nación, sino que fue adquiriendo unos matices más culturales e históricos. El romanticismo alemán del XIX confirió la mayor parte de esos rasgos a la idea contemporánea de nación.
La identidad nacional quedó entonces determinada, entre otros, por los siguientes rasgos: el hecho diferencial (distinto al de otras naciones o pueblos); un idioma común; una historia continuada a lo largo del tiempo, desde unos orígenes (generalmente mitificados por parte de los nacionalismos) donde se crean las bases de una futura nación hasta el momento presente; una cultura específica (donde se incluirían, las costumbres, las tradiciones y el folclore propios); una religión mayoritaria y, en ocasiones, una raza o peculiaridad biológica diferenciada.